EL CALAFATE.- Unos ladrillos de nieve moldeados a serrucho y apilados sirven de pared para proteger de los vientos del oeste a las dos diminutas carpas armadas en uno de los puntos más remotos del glaciar Perito Moreno. Hasta allí llegaron dos científicos junto a dos guías de alta montaña en una tarea nada simple: medir y determinar el estado de salud del glaciar más famoso de Argentina. De los cuatro días que duró la campaña, que implicó caminar más de 100 kms arriba del glaciar, tres noches durmieron sobre el hielo.

¿El glaciar Perito Moreno entró ya en su fase de retroceso?, ¿Pierde en su frente más hielo que él que gana en las nacientes? Esas son las preguntas que guiaron su expedición. La respuesta es sí: en los últimos dos años el glaciar retrocedió en uno de sus frentes a razón de tres cuadras por año. Los expertos hoy investigan si el proceso es definitivo. Buscan la explicación científica a un hecho evidente: hace tres veranos que enormes paredes de hielo se desprenden con mayor frecuencia sobre el Canal de los Témpanos, en el parque nacional Los Glaciares.

Los científicos pasan el radar sobre la superficie para ir midiéndolo. Crédito: P.Pitte – Ianigla-Conicet

Lucas Ruiz es glaciólogo, nació en Esquel, vive en Mendoza y encabeza el Grupo de Glaciología e Hidroclimatología Andina que tiene como objetivo principal calcular el balance de masa del glaciar. Es decir, la relación de cuánta masa acumula en la parte alta y cuánta pierde por derretimiento y por desprendimiento de témpanos en la parte frontal.

“Esta vez lo hicimos todo de un solo pegue, como dicen los escaladores”, resume Ruiz a LA NACION sobre la travesía que realizaron entre el 15 y 20 de abril e implicó caminar un centenar de kilómetros sobre el hielo portando equipos científicos y de supervivencia. “El Perito Moreno durante muchos años se mantuvo relativamente estable y fue una anomalía en el contexto de todos los glaciares de la región que estaban retrocediendo. Pero ahora parece que empezó a sentir el efecto del cambio climático y entró en una fase de retroceso”, detalla Ruiz, unas horas después de bajar del glaciar y antes de iniciar una charla en el Club Andino Lago Argentino de El Calafate, donde todos esperan con preocupación su resumen de la travesía.

En los últimos 80 años el frente del Perito Moreno se ha mantenido sobre la Península de Magallanes. Allí se produce el fenómeno de endicamiento, bloqueando el fluir de agua entre el Brazo Rico y el Canal de los Témpanos, que luego da paso a la ruptura. El fenómeno se interrumpió entre 1988 y 2004, año en el que el glaciar volvió a “cerrar”. Luego se repitió en 2006, 2008, 2012, 2016 y 2018. Hasta aquí el balance de masa parecía en equilibrio. Sin embargo, los registros de los últimos años pusieron en duda la afirmación y diferentes investigaciones estudian su futuro.

Científicos y guías de alta montaña ayudando a portear los equipos. Foto: P.Pitte IANIGLA-CONICET

Ponerle precisión científica a la evidencia empírica no es tarea fácil, como tampoco lo es medir una masa de hielo cuya superficie alcanza los 250 km cuadrados. La única manera de hacerlo es caminar sobre ella. Suena simple, pero para hacerlo hay una enorme logística que se pone en movimiento en cada campaña. Los miembros del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales, IANIGLA son expertos en ese tipo de mediciones. Este monitoreo es financiado por la empresa estatal Energía Argentina S.A, ENARSA como parte del plan de Gestión Ambiental de las represas que se construyen sobre el río Santa Cruz.

El viaje comenzó en Mendoza. Con la ayuda de la meteorología definieron la ventana de buen tiempo. Ruiz junto al doctor en Ciencias Geológicas Pierre Pitte, el técnico Ernesto Corvalán, el doctorando Lautaro Cravero y una estudiante francesa de visita en el IANIGLA, Juliette Bonette, recorrieron, los 2800 km que separan Mendoza del glaciar Moreno por la Ruta Nacional 40.

Al llegar a El Calafate se les sumaron dos guías locales que los acompañaron en la zona de alta montaña: Fernando Armani Huerta y Nicolás Boticcini, y un equipo de guías de la empresa Hielo y Aventura que los ayudaron en gran parte del trayecto como porteadores. “Los guías que nos acompañan son el 50% del éxito de cada expedición, ellos son los que más conocen el glaciar y quienes mejor saben y nos indican por dónde ir”, asegura Ruiz.

En la naciente del glaciar, caminaron 60 km llevando radar para tomar información: Foto: P.Pitte IANIGLA-CONICET

Medir un glaciar significa caminar durante días entre la montaña y el hielo, saber escalar, cargar en la mochila encordado, esquíes, grampones, piquetas, pala, sonda, carpa, alimentos, radar y baterías con tecnología que le devolverán datos para analizarlos el resto del año en el laboratorio. Es una combinación de una alta cuota de profesionalismo, fortaleza física y pasión por la montaña. “En cada expedición no puede fallar nada, no se puede romper nada, porque una vez allí, quedamos lejos de todo”, explica el glaciólogo.

La empresa Hielo y Aventura los cruza en sus barcos hasta el lugar de acceso al glaciar y los asiste en cada expedición, al igual que los guardaparques del PN Los Glaciares. Esta vez lograron hacer el recorrido “de un solo pegue” como se dice en la montaña. El “pegue” fue caminar 100 km sobre hielo, acceder a las nacientes del Altiplano Argentina y por primera vez cruzar a la cuenca Sur del glaciar entre los cerros Piedra Buena y Pietrobelli. Esa es la cuenca de alimentación más grande que tiene el glaciar. Hasta allí llegaron Ruiz y Pitte. La semana anterior a esta travesía Pitte había estado haciendo mediciones similares en el glaciar De los Tres, en la base del cerro Fitz Roy.

Los acompañaron los dos guías de alta montaña. “Esta vez, al igual que en noviembre del año pasado, tuvimos una muy buena brecha de buen tiempo que nos permitió acceder a la zona de acumulación del Perito Moreno. Pudimos volver a medir cuánta nieve quedó después de toda la temporada de ablación, desde noviembre del año pasado, en la parte alta del glaciar. Vamos a poder comprobar si nuestras mediciones anteriores fueron correctas y calibrar así nuestro modelo de balance de masa por la pérdida que se produjo por el calor del verano en la zona alta”, explica Ruiz.

Arranca la mañana tras el vivac en el Nunatak: Foto: P.Pitte IANIGLA-CONICET

En los días que dura el trabajo, los glaciólogos instalan su oficina sobre el hielo. Con el radar de penetración terrestre logran obtener información continua a lo largo de kilómetros, a medida que lo van desplazando por la superficie en diferentes zonas de acumulación del glaciar. A través de calicatas –pozos en el hielo en los que descienden hasta tres metros de profundidad- pueden comprobar la densidad del manto nival.

Midiendo en la calicata: P.Pitte IANIGLA – CONICET

“Esta información, junto con los datos que obtenemos del derretimiento y la generación de témpanos, nos permitirá calibrar y validar nuestros modelos numéricos para entender cómo el clima influye en el balance de masa del glaciar”, explica Ruiz. Mientras Ruiz y Pitte medían en la zona de acumulación, en la parte baja del glaciar Corvalán, Cravero y Bonette tuvieron a su cargo reinstalar las balizas de ablación.

Ruiz detalla que uno de los procesos por el que está perdiendo masa el Perito Moreno es por la ablación frontal. “Nuestras primeras aproximaciones muestran que la velocidad o cantidad de témpanos que se producen en el Perito Moreno en los últimos dos años se ha duplicado. Por lo tanto, si el clima o la meteorología se ha mantenido igual, ese aumento de pérdida extra significa que el balance de masa del glaciar en los últimos años fue deficitario”, dice. Ruiz aclara que aún restan cálculos para poder determinar con precisión esta afirmación.

Los glaciólogos consideran que la Patagonia no es ajena al cambio climático y el aumento de la temperatura media global que se registra hace más de cien años. “Sabemos que la temperatura en la región ha aumentado, sabemos que la precipitación también ha disminuido y es por eso que la gran mayoría de los glaciares de la región están perdiendo masa”, explica Ruiz. Esa es la razón por lo cual consideran que es posible que vengan años de mayor pérdida y mayor retroceso de la posición del frente del glaciar.

Ruiz es cauto en afirmar si la situación del glaciar es irreversible, pero sí asegura que el Perito Moreno va a continuar en un proceso acelerado de pérdida de masa. “Lo que esperamos que suceda en el Perito Moreno no es más ni menos lo que ha pasado en otros glaciares de la región, que terminan en cuerpos de agua”, agrega.

Los científicos entienden que es muy probable que los próximos años se vea una mayor cantidad de témpanos en el Perito Moreno, repitiendo un proceso ya visto en otros glaciares de la región. “Hay lugares del glaciar donde prácticamente no ha cambiado, pero en los que sí ha cambiado, estamos hablando de más 300 metros por año.

Es un número muy grande, pero no más que otros. Por ejemplo, enter 2008 y 2012 el glaciar Upsala retrocedió a una velocidad promedio de un kilómetro por año. En el caso del glaciar Perito Moreno, las velocidades más altas son de 300-400 metros lineales. Hoy en día, la margen norte del Canal de los Témpanos está 800 metros más atrás de lo que estaba en 2020”, precisa Ruiz.

Una vez finalizada la medición, el equipo del IANIGLA tiene varios meses para procesar los datos recogidos y aquellos que reciben vía remota del instrumental que quedó en el glaciar. Mientras tanto aquí flota cierta sensación de nostalgia. El glaciar Perito Moreno, tal como lo conocíamos hasta ahora, ya empezó a despedirse.

FUENTE: La Nación / Mariela Arias